Clima
En la zona astigitana predomina un clima mediterráneo típico, con veranos cálidos e inviernos relativamente suaves.
Nuestra cooperativa se encuentra en la comarca de Écija, situada en la provincia y campiña sevillana. Además, se encuentra entre Sevilla y Córdoba, haciendo que su ciudad sea clave para el desarrollo rural de la zona.
Su mayor esplendor comienza en época romana. Fundada en el s.II a.C. con el nombre de Astigi. Por su situación estratégica y gracias al paso del río Genil por la zona, empieza a cobrar gran importancia la producción de Aceite de Oliva, el cual era transportado en vasijas en embarcaciones desde este gran afluente hasta Roma, suministrando a todo el Imperio del oro líquido astigitano. Desde este momento hacia nuestros días, sigue nutriéndose de producción agrícola, siendo un punto fuerte en el sector.

Territorio de campiña baja con paisajes muy antropizados con cultivos agrícolas intensivos de herbáceos en grandes explotaciones y parcelas, hoy mecanizados.
Los cultivos tradicionales, cereal y olivo, han crecido en extensión de forma notable durante los últimos quince años.
En la zona astigitana predomina un clima mediterráneo típico, con veranos cálidos e inviernos relativamente suaves.
El término municipal de Écija está situado en un valle, por lo que los veranos son relativamente secos y los inviernos húmedos y frescos.
Predominan las plantaciones cerealistas y olivareras, favorecidas por el clima en el tiempo de siembra y recolección de dichas producciones.
Como gran afluente de la zona se sitúa el río Genil, cuyo curso es bastante regular y su régimen pluvionival.
Nos encontramos en la localidad de Écija, concretamente en la carretera que la une con Fuente Palmera. Situados en una zona colindante entre la provincia de Sevilla y Córdoba, somos un centro de recolección agraria para toda la campiña andaluza.
El camino histórico de la producción de aceite en el término municipal se debe a que las temperaturas y las precipitaciones son idóneas para la extracción de aceite y recolección de cereales que nos ofrece nuestra tierra.
El olivo, por necesitar un suelo no muy húmedo, con este nivel de precipitaciones puede ofrecernos un magnífico fruto. Sin embargo, el río Genil, con un curso bastante regular, unido a numerosos arroyos y a una importante riqueza acuífera, nos protege ante años en los que las precipitaciones escaseen.
Además, el olivar debería tener una buena exposición solar; por ello, las más de 12 horas diarias de media que nos ofrece nuestro sol son una garantía natural ilimitada.
El cereal, por ejemplo el trigo y la cebada, necesita el suelo húmedo para la siembra y que en primavera las lluvias sean abundantes. La media de precipitaciones anuales está en torno a 300–400 mm, que nos ofrecen unas condiciones propicias para poder cultivar este tipo de productos.